8 de diciembre de 2010

0214- LA ESTACION DE TREN DE LA RIBERA.

Supongo que la crisis del 2.008, que azota el mundo y con ímpetu especial la economía española, habrá abierto los ojos no solo de los mayores que miran asustados el incierto futuro; también los jóvenes veinteañeros, que han conocido momentos de gloria en la casa paterna, se habrán dado cuenta que el mundo es cambiante y que nada está garantizado. Pocas cosas son de la misma forma que lo eran apenas unos años atrás y mucho menos de tal y como lo eran a mediados del siglo XX. Recientemente salidos de una guerra civil y con las tierras improductivas por el conflicto bélico vivido entre hermanos, el hambre era mucha y la comida escasa.

Cabanes, aunque son muchas las huellas de las trincheras excavadas en sus montes próximos
para repeler el posible ataque enemigo, no tuvo un contacto especialmente directo con la guerra.
Ninguna batalla se desarrolló en sus cercanías pero, situada en el bando republicano, es de destacar el bombardeo aéreo recibido por las fuerzas del general Franco, el día 4 de Mayo de 1.937 que, en mayor o menor grado, destruyó alrededor de 30 casas, entre ellas el propio Ayuntamiento, matando a dos personas e hiriendo a varias docenas.
Alrededor de 50 aparatos "Junker" alemanes se repartieron entre Castellón, Almazora y Cabanes causando la destrucción y la muerte.

Mientras estos hechos acontecían los mozos cabanenses aptos para la guerra habían sido desplazados por el gobierno republicano y eran escasos los brazos disponibles para el trabajo en el campo. La tierra, prácticamente abandonada, apenas producían el sustento necesario con el que sobrevivir. Menos privaciones pasaban aquellos que teniendo "cuadró" en la Ribera, con tierra fértil por naturaleza, podían sembrar patatas y otras hortalizas en una cosecha prácticamente asegurada con la que llenar el estómago cada día.
Con el final de la guerra, la estación de tren de la Ribera tuvo gran protagonismo por la implantación del "estraperlo" y por ser el principal medio de transporte de personas y mercancías. Diezmados los escasos vehículos de motor y ante las dificultades para conseguir el ansiado petróleo, el tren era sistema principal de viaje, allí donde se disponía de esa posibilidad. A través del tren no solo se remitía cualquier mercadería, sino que también era la forma más económica de viajar para buscarse el negocio o el sustento.

Por la riqueza de la zona, la estación de tren de la Ribera era en aquellos tiempos una parada relevante. Decenas de personas bajaban y subían en cada una de las paradas que cualquier tren hacía a lo largo del día, al tiempo que en su muelle se cargaban y descargaban mercancías de forma permanente, en la vía muerta instalada al efecto. Todos los trenes de entonces estaban impulsados a vapor y nuestra emblemática Estación contaba con depósitos de agua y carbón con los que abastecer a los trenes, lo que daba a la Estación de Cabanes una de las primeras categorías ferroviarias. Tampoco el despacho de billetes se quedaba atrás puesto que, además de toda la gente de fuera que llegaba a la zona, ante la más mínima necesidad de desplazamiento, todas las gentes de los núcleos de la Ribera viajaban a través del tren. Mercancías y viajeros daban a nuestra Estación un gran movimiento de personal y a raíz de ello, prontamente abrió sus puertas una Cantina que alegraba la espera de aquellos que tenían unas pesetas para gastar, que serían los menos. Próxima a esta cantina estaba la casa de los abuelos de mi mujer, una de las primeras en construirse en ese barrio. El abuelo contaba cientos de veces que, ante las largas paradas, gentes sin recursos llamaban a su puerta pidiendo un vaso de agua con el que apagar la sed de su largo viaje y que rápidamente desaparecían al oír el grito del Jefe de estación... ¡Viajeros al tren...!

Contaba también el abuelo que gentes de Burriana, literalmente acosados por el hambre, bajaban en nuestra estación cargados de caracoles, buscando unas patatas o boniatos como intercambio y forma de poder llenar el estómago de sus familias. Jornaleros de todo tipo, algunos con sus propias azadas, pedían un trabajo por el simple sustento. Tampoco los gitanos y aventureros faltaban y había que mirar atentamente quien era y que quería cada uno de los muchos que diariamente llamaba a sus puertas.
También Juan "Cruselles" montó tienda de ultramarinos enfrente de la Cantina y "el Fraret" hizo lo propio en la calle adyacente. Los bolsillos de los viajeros estaban poco abultados, pero el largo tiempo que los trenes paraban en nuestra estación, obligaba a viajeros y comerciantes a realizar alguna compra o gasto inevitable con el que poder atender las necesidades del cuerpo.

Unos años después, todavía funcionando los trenes a vapor y ya ennegrecidas las fachadas de las casas de la zona por el humo de las chimeneas de tan irrespetuosas máquinas, la comarca empezó a despertar y rápidamente se incrementó la producción de naranjas y frutas diversas. Numerosos vagones se cargaban con frutas y hortalizas de la zona, a la vez que otros vagones cisterna trasvasaban el primer vino de Cabanes y pueblos limítrofes como Benlloch, La Pobla, Vilafamés, Vall d'Alba, etc. Ante la espectacular cantidad de escobas que se fabricaban cada día en Cabanes, era costumbre bajarlas en carros hasta la Estación y remitirlas por tren hacia los mercados catalanes.
La actividad de nuestra Estación era frenética. Solo la carga y descarga de los diferentes vagones de mercancías ocupaba a varios operarios y el despacho de billetes y las esperas interminables de los viajeros hasta la llegada y salida del tren solicitado hacían que, permanentemente, decenas de personas deambularan permanentemente por las inmediaciones.

Todo es historia. Si bien el tren se modernizó a pasos agigantados, la implantación masiva del transporte por carretera y su facilidad de entrega (de puerta a puerta) acabó con este medio de transporte.
En la década de los 60 la llegada de los vehículos "utilitarios" mermó el uso del tren como medio de transporte de viajeros; descendió la venta de billetes y el envío de mercancías por ferrocarril. Unos años después y ante la nula rentabilidad de este apeadero, RENFE llevó a cabo el cierre.

Aquella Estación de ordenado bullicio, que durante tantos años le proporcionó importantes ganancias a la compañía, quedó en desuso, sola y abandonada a su suerte.
Los hierbajos crecían sin que nadie se dignara a limpiarlos, ni siquiera como merecido homenaje a su brillante pasado, de pingües beneficios para todos.
Nuestro Ayuntamiento, en un acto de sentido homenaje al esplendor que esta Estación ha significado para el pueblo de Cabanes y muy especialmente a los vecinos de la Ribera, ha limpiado la zona e instalado parterres que alegran la vista de cuantos por allí pasan; muy especialmente la de las personas que allí viven y a los que, como nosotros, tienen una casita en la que pasar unos días de asueto.

EL ÚLTIMO CONDILL

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