3 de agosto de 2012

0758- LA MARINA DE HERNÁN CORTÉS.

La Marina no es el segundo apellido de Hernán Cortés, ni hace referencia en este caso a las fuerzas navales en las que bregó buena parte de su vida, sino que es el nombre de la pupila que lo acompañaba a todas partes, para atender sus necesidades de interpretación y otras que no vamos a detallar... (de momento)
El nombre completo de este insigne explorador español era HERNANDO CORTÉS PIZARRO Y ALTAMIRANO, hijo único del hidalgo Martín Cortés y de Catalina Pizarro Altamirano, una familia acomodada de Medellín, tierras de Extremadura entonces pertenecientes a la Corona de Castilla y en las que nacería el ilustre vástago que nos ocupa, un día cualquiera del año del Señor de 1.485. Como buen hidalgo su padre lo mandó con catorce años a estudiar leyes a Salamanca pero Hernán, que así le llamaban, era poco aplicado y hastiado de la vida universitaria, a los dos años, regresó con sus padres con un poco de latín como único fruto. Tierra de conquistadores, Extremadura buscaba entonces soldados para las expediciones al Nuevo Mundo y allá que fue Hernán, con 17 años a alistarse. 


La aventura que el muchacho perseguía no se hizo esperar y, tras algunos fracasos en su pretensión de viajar a las Indias a las órdenes de Gonzalo Fernández de Córdoba, en 1.504 embarcó con Alonso Quintero para el futuro cargo de plantador, arribando meses más tarde a la isla de La Española, que actualmente ocupan los países de Haití y la República Dominicana. Levantamientos de la población indígena le pusieron a las órdenes del gobernador Diego de Velázquez que en agradecimiento a sus servicios, tras doblegar las escaramuzas, le asignó tierras y esclavos pero tampoco la agricultura era lo suyo. El pinpollo apuntaba maneras y bajo la protección de Diego Velázquez se convirtió en alcalde de Santiago de Cuba, recientemente fundada por los españoles y hasta casó con la cuñada de éste, Catalina Juárez, tras lo cual le fue confiado el mando de una expedición a México que le haría llegar a Yucatán el día 18 de Febrero de 1.519. 

Malinalli Tenépati (1502-1529) era una bellísima joven de la clase alta mexicana que, siguiendo la costumbre de aquellas gentes, había sido cedida como tributo al cacique maya de Tabasco tras la pérdida de una batalla. Siendo cedida como esclava de niña, hablaba perfectamente su lengua materna y la maya de sus nuevos amos. El día 5 de Marzo de 1.519, tras la derrota de Cortés a los tabasqueños, Marina que ya contaba con 17 años de edad, fue cedida como esclava por el cacique Tabscoob a Hernán Cortés, junto a otras 19 mujeres, un juego de mantas y algunas piezas de oro.
El conquistador la bautizó con el nombre de Marina, la hizo su mujer y tuvo un hijo ilegítimo con ella (Martín) a la vez que aprovechó su conocimiento de las lenguas para comunicarse con los indígenas. Casi siempre esclava, Marina carecía de patria y no dudó en sacar el máximo provecho personal de aquella relación. Posteriormente Cortés la casó con uno de sus capitanes, el hidalgo Juan Jaramillo y con el que tuvo una hija (María) pero pocos años después moriría debido a una epidemia de viruela. Añorando sus fogosas noches de amor con la mexicana, Cortés le puso el nombre de Martín al hijo legítimo que posteriormente tuvo con su segunda esposa Juana de Zúñiga. 


Se ganó el favor de algunas tribus y luchó contra otras a las que derrotó por el potencial de sus armas, por la valentía de sus soldados y el terror que los caballos despertaban entre los enemigos que jamás habían visto esta clase de animal. Se enteró Cortés de la existencia del Imperio Azteca, sojuzgador de los pueblos mexicanos y de acuerdo con sus capitanes decidió marchar en su busca. Tras dominar algunas tribus aztecas que les salieron al paso y aliarse con otras, se presentaron a las puertas de Cholula ordenando Cortés el asalto y saqueo de la ciudad sagrada. El 8 de Noviembre del mismo año 1.519 sus tropas llegaron a la capital azteca de Tenochtitlán, siendo recibidos personalmente por el propio emperador Moctezuma y alojados en el mejor de sus aposentos. Sin embargo se enteraron prontamente de que se trataba de una estratagema para asesinarlos y expulsar a sus tropas de la ciudad y del territorio. 


Cortés tomó preso a Moctezuma y pasó a cuchillo a muchos de los notables del Imperio, lo que provocó la ira de los indígenas que se hostilizaron contra los españoles. Presentar a Moctezuma ante el pueblo no calmó el ánimo de los nativos. En la escamuza el emperador perdió la vida y los españoles tuvieron que huir a toda prisa. Aún así los aztecas les atacaron y muchos hombres de Cortés perdieron la vida en aquella improvisada huida. La Historia recuerda esta retirada como "la noche triste". Al año siguiente Cortés organizó un nuevo ejército y atacó nuevamente la capital azteca, entonces bajo el reinado de Guatemotzín. La lucha no fue fácil. Se luchó cuerpo a cuerpo y casa por casa hasta que finalmente fueron derrotados y capturado su emperador. Tras la conquista Hernán Cortés fue nombrado capitán general de Nueva España (México) y un tiempo después consiguió anexionar a la Corona las tierras de Guatemala y Honduras.


Sin embargo parece ser que Hernán Cortés no era precisamente un angelito y la Corona tenía sus informadores. En 1.528 Carlos I le desposeyó de sus títulos obligándole a presentarse en la Corte. Sin embargo, a pesar de ciertos libertinajes, el rey no podía olvidar todo lo que este personaje había conseguido para la Corona de España por lo que salomónicamente le recibió con honores y le nombró marqués del Valle de Oaxaca, pero sin funciones gubernativas. Muy limitado en sus poderes, en 1.530 Cortés regresó a México y se dedicó a explorar las costas del Pacífico y la Baja California que le tuvieron ocupado hasta 1.536. La falta de atribuciones le hicieron marchar nuevamente a España en busca del favor de Carlos I por lo que, a sus expensas, le acompañó en su campaña contra Argel, aunque naufragó y perdió la mayor parte de sus bienes.


Seis años más aguardó Cortés la recuperación del favor real hasta que finalmente, amargado y decepcionado, le llegó su hora en Castilleja de la Cuesta, lugar próximo a la ciudad de Sevilla, el día 2 de Diciembre de 1.547 cuando contaba 62 años de edad. Sin embargo sus huesos no encontraron el descanso requerido. En su testamento Cortés había pedido ser trasladado al monasterio de Coyoacán que él había mandado construir, pero la obra no se había llevado a cabo y su dinero fue gastado en otros menesteres. Quince años después de su muerte, sus restos fueron trasladados a Texcoco, donde estaba enterrada su madre y una de sus hijas. 

Sesenta y dos años después, a la muerte de Pedro Cortés (1.629) cuarto marqués del Valle y último descendiente directo, se decide que los restos del ilustre abuelo descansen con el último Cortés y se trasladan a la iglesia franciscana de México D.C. por medio de una urna que se deposita en un nicho tras el Sagrario con doble puerta de hierro y una lápida que rezaba: "Ferdinandi Cortés ossa servatur hic famosa".


Allí descansaría Cortés durante 87 años más tras los cuales, en 1.716 se trasladan detrás del altar mayor de la misma iglesia y allí quedan durante 78 años más hasta que en 1.794 se saca la urna de madera dorada y cristal, con cuatro asas de plata y en la cabecera las armas del marqués. Dentro los huesos envueltos en una sábana de seda negra, el cráneo en un pañuelo aparte con encaje. La urna fue trasladada al Hospital de Jesús, fundado por Hernán Cortés, donde se construiría un sepulcro de mármol con treinta blandones de plata. Sobre él un busto del conquistador y una estela con el escudo del Marqués del Valle de Oaxaca dorado a fuego. 

La ceremonia de inauguración se anunció con volteo de campanas y allí quedaron guardados los restos de tan insigne benefactor de la cristiandad durante 23 años. 
Después de tres siglos de dominio español y una guerra de independencia de 11 años, México alcanzó su libertad. Con motivo de la revolución mexicana de 1.823 se pretendieron quemar los restos de Cortés en la plaza de San Lázaro por lo que fueron escondidos bajo la tarima del Hospital. Trece años permanecieron allí. Finalmente en 1.836 los restos se trasladan a un nicho junto al Evangelio y se tapian sin inscripción alguna. Ciento diez años permanecieron allí, en secreto.

En 1.946 llega a la Embajada Española la copia de un documento de 1.836 en la que se indica el lugar donde los restos de Hernán Cortés fueron depositados y convencidos de su autenticidad deciden buscarlos. 
El domingo 24 de Noviembre del mismo año comienza la excavación en el muro señalado en el documento. Dos horas después se descubre una gran losa que cubre la bóveda en la que reposa la urna. Con un golpe de la misma barrena se abre la caja y queda al descubierto la primera cubierta de plomo y en el interior la caja de madera. Dentro la urna de cristal los huesos envueltos en la sábana de seda negra.


Confirmada la autenticidad, la comisión restauró las cajas de plomo, la urna de cristal y la caja de madera conviniendo que todo ello se deposite en el mismo lugar que fuere encontrado. Así se hizo y el 9 de Julio de 1.947 fue terminada la obra y puesta una placa de bronce sobre la misma de 1,26 X 0,85 m. con el escudo de armas y la inscripción: 
HERNÁN CORTÉS 1485-1547.
De momento allí reposan. ¿Hasta cuando...?

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