10 de septiembre de 2013

1124- LA CONQUISTA DE MÉXICO. (NUEVA ESPAÑA)

Hernán Cortés, Monroy y Pizarro Altamirano, nació en 1.485 en Medellín (Corona de Castilla). Era hijo único del hidalgo extremeño Martín Cortés y de Catalina Pizarro Altamirano. Primo segundo por vía materna del célebre navegante y explorador Francisco Pizarro, conquistador del Imperio Inca. Como otros hidalgos, su padre le mandó a estudiar a la Universidad de Salamanca pero, movido por su afán de aventuras, Cortés no estaba centrado en los estudios y éstos fueron de poco o nulo aprovechamiento. Su amistad con un escribano de Valladolid, con el que compartía clases, dieron a decir que había cursado Leyes en dicha Universidad pero malamente si aprendió nociones elementales de latín y poco más. Tras varios intentos fallidos de embarque hacia las Indias lo consiguió finalmente en 1504, con destino a La Española donde comenzó como plantador y funcionario colonial. Poco era, pero por algo había de empezar. En 1511 participó en la conquista de Cuba dirigida por Diego de Velázquez y en agradecimiento recibió tierras y esclavos. 
Casado con la cuñada de éste, a finales de 1.518 Velázquez le confió a Hernán Cortés la tercera expedición a tierras que más tarde serían llamadas Nueva España y que eran las del México actual. 

Aunque muy interesado en los nuevos descubrimientos que su lugarteniente podía llevar a cabo en la costa de Yucatán, la gran elocuencia y dotes de persuasión que le abrían todas la puertas a Cortés hicieron desconfiar a Diego de Velázquez al creer que tal despliegue de méritos solo podían tener como fondo intereses personales que no podía consentir. Decidió pues revocar su confianza y el mando otorgado al frente de la citada expedición. Se enteró Cortés de sus intenciones y, no queriendo perderse la aventura, se adelantó al cese partiendo precipitadamente con su armada del puerto de Cuba el día 18 de Noviembre de 1518. Aquel viaje le pondría en los brazos de la bellísima Malintzin, de la que hablaremos más tarde. Consistía la expedición en 11 naves y 689 soldados de diferente rango, así como otros 200 hombres entre indios y negros como auxiliares. Se sumaban a ellos 32 caballos, 10 cañones y 4 falconetes. La inusual rapidez en el levado de anclas hizo que la flota marchara sin víveres suficientes, lo que obligó a una parada en el puerto de Trinidad y en otros lugares hasta que finalmente partió la expedición, abandonando el último puerto de Cuba el 10 de Febrero de 1519. 

El primer contacto con los nativos lo tuvo Cortés en la isla de Cozumel, importante puerto y centro religioso maya. Se presentó Cortés al "batab" y le instó a que abandonaran el culto politeísta y abrazaran el cristianismo, al tiempo que ordenaba a sus hombres que destruyeran cuantos ídolos encontraran y pusieran cruces en su lugar, al tiempo que les prohibía sacrificar seres humanos en honor a Dios, como allí era costumbre llevar a cabo cada día. Se comunicaba Cortés con los nativos a través de un joven maya apresado en Isla Mujeres al que llamaban Melchorejo.  Enterados de la existencia de unos "hombres barbudos" en poder de un pueblo cercano fueron a buscarles pensando que fueran supervivientes de campañas anteriores españolas, como así era. Rescataron a dos de ellos, uno de los cuales se había unido a una princesa maya (Zazil Ha) con la que había tenido varios hijos y que no quiso seguirles. La expedición de Cortés llegó a la desembocadura del río Grijalba, cerca de Potonchán. Allí se llevó a cabo la importante Batalla de Centla. En un primer momento Hernán Cortés les dijo que solo querían coger agua y comprar alimentos, a lo que ellos accedieron a cambio de que marcharan después. Cortés insistió en acceder a la ciudad para verla y poder informar a su señor de la forma de vida de sus habitantes pero ellos se negaron, amenazándole con matarles a todos si no marchaban de inmediato. 

Los españoles atacaron entonces la ciudad finalizando la batalla con la derrota de Potonchan y entrando en la ciudad. Nada 
hallaron que valiera la pena y sin embargo fue mucha la sangre derramada, sobre todo por parte de los indios que luchaban desnudos. Pocos fueron los cautivos y muchos los muertos que no se contaron. Durmieron allí aquella noche sin que los nativos osaran molestarles y esa fue la primera ciudad dominada por el conquistador extremeño. Al día siguiente las autoridades supervivientes ofrendaron a Cortés comida, joyas, tejidos y 20 esclavas que fueron bautizadas y repartidas entre sus oficiales. Entre ellas había una que se llamaba Malintzin, también conocida como la Malinche, a la que los españoles bautizaron con el nombre de Marina y que sería crucial para la conquista de México. Su dominio de las lenguas maya y náuhatl y su fidelidad hacia los españoles y a Cortés, que posteriormente la hiciera su concubina, hicieron a esta mujer protagonista de la Historia de América. Intérprete y consejera de Cortés le dio también un hijo al que pondría el nombre de Martín, el mismo que Cortés le pondría catorce años después al habido con Juana de Zúñiga, su esposa legítima. El 25 de Marzo de 1519 Cortés tomó su espada y golpeando con ella el árbol sagrado de los mayas (una ceiba) tomó posesión oficial de aquellas tierras fundando la villa de Santa María de la Victoria

Los españoles permanecieron allí hasta el 12 de Abril, cuando embarcaron rumbo a Culúa y Tenochtitlan. Ese mismo año 1519 daría comienzo una epidemia de viruela, traída sin saberlo por los españoles, que en pocas décadas acabaría con el 97% de los pobladores de la región y que facilitaría la conquista de México. Mucho se ha hablado del comportamiento criminal de los españoles en latinoamérica, pero la justa verdad es que fue mil veces más cruel el comportamiento de los ingleses en los actuales Estados Unidos. Es cierto que hubo matanzas, claro que sí, pero apenas un 3% de las muertes fueron llevadas a cabo de forma directa. Los españoles no podían saber que sus problemas de salud pudieran conllevar tanta desgracia. La literatura política interesada vertió mucha tinta en este sentido, pero todos sabemos lo que hubo de cierto o no en tales relatos. Pero sigamos... 
La flota siguió rumbo noroeste hasta que un día se les acercaron unas canoas aztecas que venían de parte de su líder Moctezuma, emperador del Imperio con capital en Tenochtitlán. Cortés les habló de paz al tiempo que les mostraba sus caballos y sus armas... Los mensajeros retrataron cuanto vieron a fin de informar a Moctezuma que respondió con joyas y regalos, pero sin invitar a Cortés a visitar su ciudad. Cortés instaló su campamento a las puertas de Quiahuiztlán, habitada por los Totonacas, y lo convirtió en ciudad dándole el nombre de Villa Rica de la Vera Cruz, por haber desembarcado allí en Viernes Santo. Los pobladores instaron a Cortés a que se autoproclamara Gobernador General de aquellas tierras, dependiendo directamente del rey y no reconociendo el mando de Velázquez sobre las nuevas tierras conquistadas. Accedió Cortés y nombró alcalde y regidores, desvinculando la autoridad del gobernador de Cuba sobre aquella expedición y sus resultados. 

Pronto se dio cuenta Cortés que los aztecas tenían enemigos y se apresuró a aliarse con ellos. La primera alianza fue con
los Totonacas, con capital en Cempoala, una ciudad de 20.000 habitantes. Los jefes de treinta pueblos totonacas se unieron a Cortés para marchar juntos a la conquista de Tenochtitlán. Ellos aportaron 1300 guerreros, mientras Cortés ponía 400 con armas de fuego y 12 caballos. El acuerdo no tenía otra demanda de los Totonacas que conseguir la libertad pero, diezmados por las luchas y las enfermedades, nunca volvieron a ser lo que fueron. Los escasos supervivientes terminaron como sirvientes de los señores españoles en sus propias tierras, en el incipiente cultivo de la caña de azúcar. Cempoala quedó deshabitada y su cultura extinguida y olvidada en breve espacio de tiempo. A finales de agosto Cortés llegaba a Tlaxcala, pueblo en enfrentamiento abierto con Tenochtitlán por ser de opción política distinta. Sin embargo la República de Tlaxcala negó el paso de los españoles por su territorio, lo que les llevó a un enfrentamiento en el desfiladero de Tecoantzinco favorable para Cortés. Al día siguiente los de Tlaxcala atacaron de nuevo sufriendo tal descalabro que llevó a la deserción de las tropas y división de la República ofreciendo la paz a Cortés. 

Opositores de los Mexica ofrecieron más tarde alianza a Cortés para ayudarle a conquistar Tenochtitlán. En su camino hacia México-Tenochtitlán, Cortés llegó a Cholula, aliada de los mexicas y con 30.000 habitantes segunda ciudad en importancia del Imperio. Bernal Díaz del Castillo cuenta que lo recibieron con agasajos pero pretendieron tenderle una emboscada. Una anciana y varios sacerdotes alertaron a Cortes que se aprestó para atacarles, en lo que se conoce como la matanza de Cholula en la que murieron 5.000 hombres. El ejército de Cortés permaneció en la ciudad dos meses, tras los cuales marcharon previo incendio de la misma. Antes de llegar a Tecnochtitlán pararon en Santa Catarina Ayotzingo para preparar el ataque a la capital. Cortés quedó sorprendido por la belleza del lugar, rodeado y protegido por las aguas del lago Texcoco. El 8 de Noviembre de 1519 Cortés entró de forma pacífica a la ciudad y se entrevistó con Moctezuma, haciendo de intérprete Doña Marina. El rey pensó que los españoles eran enviados por el Dios procedente del este y fue un espléndido anfitrión obsequiándole con el Tocado del Dios Quetzalcóatl hospedando a Cortés y a sus oficiales en el palacio de su padre. 

Los días siguientes visitaron palacios y templos admirando la belleza que reinaba por todas partes hasta que un buen día creyeron oportuno instalar una pequeña capilla en su alojamiento, previo permiso del emperador. Buscando el lugar más oportuno, se dieron cuenta de la existencia de una puerta tapiada y pintada pocos días antes de su llegada. La abrieron en parte viendo un inmenso tesoro y Cortés la mandó tapiar de nuevo para no despertar la ira de Moctezuma. Pasados unos días los Tlaxcaltecas advirtieron a Cortés que se tramaba algo contra ellos y que sería conveniente apresar a Moctezuma tomándolo como rehén. Nada decidieron al respecto pero los acontecimientos se precipitaron al atacar los Mexicas la ciudad de Villa Rica de la Vera Cruz y matar a su Alguacil Mayor y a siete ayudantes españoles todos fieles a Cortés. Apresado Moctezuma quedó como rehén y fue conminado a ordenar que los autores de la masacre fueran quemados en la hoguera. Así se hizo, pero los sacerdotes de Tenochtitlán conjuraron para liberar a su señor y aniquilar a los españoles. Se sumó a esta desgracia la llegada al Puerto de Veracruz de 18 navíos de Diego de Velázquez que iban en misión de castigo a los rebeldes bajo el mando de Pánfilo de Narváez. Sus mensajeros informaron a Moctezuma de que quienes albergaba eran rebeldes de España y que si podía los matase. 

Ataque azteca a los españoles.
Salió Cortés de la ciudad, dejando un centenar de hombres al mando de Pedro de Alvarado, marchando el resto de las fuerzas al encuentro de Narváez. El combate finalizó pronto y con poca sangre ya que Cortés conminó a los soldados enemigos a unirse a él mostrándoles los adornos de oro que llevaba y diciéndoles que había para todos. No hubo masacre, sino que triplicó sus efectivos mientras Narváez hubo de volver a las naves, en parte inutilizadas por los de Cortés, con unos escasos seguidores. Mientras tanto, ante el temor por una masiva concentración de guerreros en la Plaza Mayor, Alvarado había llevado a cabo una masacre entre nobles y caciques del ejército cuando la concentración no tenía otro objetivo que celebrar la Fiesta de ToxcatlLa gente se indignó con los españoles y se rebeló contra Moctezuma habiendo de refugiarse precipitadamente todos en el Palacio. El 24 de Junio de 1520 el ejército de Cortés entró nuevamente en Tenochtitlán pero el hermano de Moctezuma se puso al frente de los Mexicas y en contra los españoles. Moctezuma murió. Unos dicen que por una pedrada que salió de la muchedumbre, otros que Cortés ordenó matarle cuando vio que no podía calmar a su pueblo, si bien esta última versión (de los aztecas) se considera poco probable. 

Ruinas de Tenochtitlán en el presente.
Cortés y sus hombres fueron sitiados en el Palacio por miles de indígenas. Habían de salir como fuera y lo hicieron en la noche lluviosa del 30 de Junio de 1520, que se conoce como "la Noche Triste"Alguien les vio y dio la voz de alarma. Miles de aztecas salieron tras ellos por la calzada mientras otros les atacaban con las canoas. Apenas quedó un tercio de supervivientes españoles, que fueron perseguidos hasta Otumba donde, el 7 de Julio, se reorganizaron y plantaron cara al enemigo logrando derrotarle. Tras la victoria, españoles y aliados se replegaron a Tlaxcala y ya nuevamente organizados pusieron sitio a Tenochtitlán. Cortés mandó rehabilitar los navíos y traerlos pieza por pieza a Tenochtitlán para atacarla por todos los frentes. Los aztecas lucharon hasta prácticamente el exterminio y tras 75 días de batalla ininterrumpida fueron derrotados. 

El final de esta contienda determina que los actuales mexicanos difícilmente pueden considerarse descendientes de los Mexicas, sino más bien de los Tlaxcaltecas, Toltecas y otros pueblos menores, aliados todos de los españoles en esta lucha contra el imperialismo azteca que, tras la guerra, obtuvieron señoríos y prebendas de la Corona Española. Ahí se daba fin al Imperio Azteca y nacía una nueva raza mestiza, la de los actuales mexicanos, gente noble y brava, preparada para los retos actuales...

RAFAEL FABREGAT

No hay comentarios:

Publicar un comentario