10 de mayo de 2014

1368- RENDICIÓN FRANCESA EN BAILÉN.

Estamos en el marco de la Guerra de la Independencia Española y primera derrota de las tropas napoleónicas ocurrida el 19 de Julio de 1.808. Una batalla campal entre el ejército francés dirigido por el general Dupont, contra los soldados españoles al mando del general CastañosLa Junta de Gobierno de Sevilla y Granada llevó a cabo un reclutamiento masivo con el fin de cortar el camino de los franceses hacia Andalucía, a través de Sierra Morena. Por su parte el general francés y su ejército partía de Madrid a primeros de Junio para someter las tierras andaluzas, rescatando al mismo tiempo a la escuadra del almirante Rosily capturada por los españoles. A la dureza de la ruta se unieron las múltiples escaramuzas propiciadas por diferentes bandoleros que les hostigaron en su viaje hacia el sur. 


Pronto le llegaron a Dupont las noticias de que la flota de Rosily se había rendido y que un gran ejército estaba reuniéndose para cortarle el paso. Dupont descansa en Andújar mientra espera la ayuda de la división que está luchando en Despeñaperros. 
Informado de los combates que está ganando el español en otros puntos del Guadalquivir, Dupont decide finalmente no plantar cara a las fuerzas españolas y retroceder a la espera de enlazar con otras tropas cercanas que vienen en su ayuda. Al dirigirse a Bailén con la intención de enlazar con los suyos, Dupont se da de bruces con las tropas españolas del general Castaños que en ese momento salían de la ciudad en dirección a Andújar donde creían que estaban los franceses, por lo que inesperadamente allí mismo se inicia la famosa Batalla de Bailén


Eran casi las cuatro de la madrugada cuando los franceses encuentran los primeros destacamentos españoles que desalojan con facilidad. Ya cerca de Bailén avanzadas españolas se enfrentan a los franceses que han de retroceder. Los mandos españoles se percatan de la situación y ordenan un despliegue en forma de media luna a las afueras de Bailén, un punto elevado que domina varios kilómetros alrededor. En otros cerros próximos se sitúa otra parte del ejército en previsión de que lleguen las ayudas francesas del general Vedel que bajan desde Despeñaperros. Los españoles rondan los 20.000 efectivos y algo menos los franceses. De todas formas Dupont se siente fuerte y ordena el ataque de su caballería, arrollándolo todo a su paso y dirigiéndose hacia en cuerpo central español. 


Aunque inicialmente los franceses causan muchas bajas, finalmente son rechazados por la infantería y tuvieron que retroceder con grandes pérdidas. Para evitar el enfrentamiento directo los artilleros inician el fuego, también superior en el bando español. A las seis de la mañana del día siguiente Dupont, aún estando en minoría, decide atacar a fin de evitar que las fuerzas españolas más numerosas le rodeen. Sabe que la esperada ayuda francesa está próxima y quiere romper el centro español enlazando rápidamente con los suyos. El centro de la infantería francesa avanza entre el fuego de la artillería española pero antes de llegar hasta la línea central española la caballería de Castaños carga contra ellos y los obligan a retroceder.


Sin el auxilio de la esperada ayuda, Dupont se siente agotado y se hace fuerte en una loma cinco kilómetros más atrás. Las tropas francesas no está habituadas al sol de justicia andaluz, con temperaturas superiores a los 40ºC. a pleno sol y con escasez de agua. Lo que en principio parecía una lucha desigual, por la profesionalidad del ejército francés y la mediocridad de unas tropas españolas formadas por milicianos y agricultores voluntarios, estaba decantándose a favor de unos españoles que solo tenían en mente hacer salir de sus tierras al enemigo invasor. Todo había comenzado con la ambición desmesurada de un megalómano, Napoleón Bonaparte, que tras asumir el poder de Francia quiso ir más allá pretendiendo hacerse dueño de media Europa. Primero conquistando a Gran Bretaña, su histórico enemigo, pero tampoco esa meta era suficiente para sus muchas ambiciones.


Hacia las diez de la mañana los españoles están dispuestos a dar el golpe definitivo a las tropas francesas. El tiempo pasa y se acerca el mediodía, con un calor intenso y sin que el apoyo francés de señales de llegada. El cansancio hace presa en las tropas francesas y la parte baja del lugar que ocupan es pasto de las llamas. También la falta de agua merma su moral. Hacia la una de la tarde la situación de los hombres de Dupont es desesperada pero en un último esfuerzo, éste reúne los hombres que le quedan y se dispone a asestar un último golpe, al centro y en descubierto. Ante las descargas españolas sus líneas se deshacen, se detienen y huyen en retirada. Todo está perdido para Dupont y éste solicita el alto el fuego y permiso para que los supervivientes puedan retirarse hacia Madrid. 


La rendición francesa en Bailén.
Pasadas las dos de la tarde Castaños es avisado de la proximidad de las tropas francesas de ayuda. Los generales Vedel y Dufour con unos 9.000 hombres están camino de Bailén. Han oído el fuego pero al cesar éste creen que la victoria se ha decantado de parte de Dupont por lo que dejan la mitad de sus tropas en retaguardia. Cuando los franceses vislumbran los primeros cerros se dan cuenta de que la batalla no ha terminado y se aprestan al ataque. De inmediato les llega la orden de Dupont de que cese el combate y a las seis de la tarde reina el silencio más absoluto. Es inútil sacrificar más vidas humanas. La Batalla de Bailén ha terminado con resultado nefasto para los franceses. La humillación es grande pero, deben rendirse a la evidencia, no pudieron hacer más.

RAFAEL FABREGAT

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